lunes, 7 de junio de 2010

EL CAFÉ NO ES UN DESPERTADOR


Muchos creen que por la mañana no les funciona la cabeza hasta tomar un café. Sin embargo, científicos ingleses afirman que el efecto despertador del café es pura ilusión.

Los adictos a esta bebida sí pueden sentirse más ´despejados´ después de la primera taza, pero este efecto se debe a la compensación de los niveles de cafeína que se perdieron durante el sueño, comentan especialistas de la Universidad de Bristol, en el Reino Unido.

Los investigadores señalan además que un café matutino eleva la ansiedad y la presión sanguínea, según su informe publciado en el periódico The Daily Mail.

Los científicos realizaron un experimento con 379 voluntarios: un 50 por ciento de ellos no solían beber café o lo tomaban muy ocasionalmente, mientras que el otro por ciento estaban acostumbrados a consumirlo en dosis moderadas o grandes.

Los participantes del experimento se abstuvieron de tomar la bebida durante 16 horas. Luego, tomaron cafeína y un placebo al azar. Los científicos les pidieron que determinaran su nivel de ansiedad y de diligencia e informaran si sufrían dolores de cabeza antes y después de tomar la cafeína o placebo. Además, tuvieron que hacer una serie de tareas en la computadora para revelar su nivel de memoria y atención.

Aquellos que solían beber café, pero tomaron placebo, informaron que empeoró su capacidad de concentración y que les dolía la cabeza.

Los que bebieron café no mostraron estos síntomas. Sin embargo, su nivel de diligencia no superó al de los que no solían beber café cotidianamente y tomaron placebo.

Estos resultados permitieron a los científicos concluir que la bebida como tal no eleva la diligencia sino que simplemente devuelve a los adictos a su estado habitual, reestableciéndo los niveles de cafeína en la sangre, reducidos durante el sueño.

Los especialistas afirman que estos datos también son aplicables a aquellos que suelen atribuir la capacidad de poner su cerebro en marcha por la mañana con un té.

Sin embargo, los cafetaleros afirman que hace falta continuar con los estudios. El doctor Euan Paul, director ejecutivo de la British Coffee Association, acentúa que hoy en día hay muchos testimonios de que la cafeína realmente eleva el nivel de diligencia, ya que causa la liberación de adrenalina y con eso estimula el sistema nervioso central. Puntualiza que este efecto es relevante no solamente para aquellos cuyo nivel de diligencia es tradicionalmente bajo, como por ejemplo los que suelen trabajar de noche o de madrugada, sino también para las personas que se caracterizan por un estado de alta diligencia, pues a ellos la cafeína les proporciona una ´celeridad´ adicional.

Al mismo tiempo, Paul precisa: “El café no afecta la salud si se consume moderadamente, es decir entre cuatro y cinco tazas por día. Mujeres embarazadas tienen que tomar en cuenta el consejo de la Food Standards Agency y limitar la toma general de cafeína a 200 miligramos por día”.

Una sola taza de café instantáneo contiene entre 60 y 100 miligramos de cafeína. Una taza de café con leche o expreso aún más: entre 90 y 200 mg. Mientras tanto, una taza de té contiene entre 30 y 100 mg de cafeína y un trozo de chocolate de 55 gramos de peso puede ofrecer entre 40 y 50 miligramos de cafeína.

Yo fumo. Yo no fumo.


Yo fumo. Yo fumo. YO FUMO.
Yo fumo porque calma mi ansiedad. Yo fumo porque me agrada oír el jadeo de mis amigos al respirar el humo. Yo fumo porque se me hace encantador ver toser al resto mientras les causo un daño irreversible. Yo fumo porque me gusta ir sembrando y cosechando cáncer en mi interior. Yo fumo por la mera satisfacción de poder ir narrando las crónicas de una muerte anunciada.

¿Es bueno fumar?, la respuesta a esta pregunta es bastante obvia, no. Al fumar ingresan sustancias tóxicas al organismo, siendo causas principales de enfermedades tales como cáncer de pulmón, paro cardiaco y enfermedad pulmonar obstructiva crónica, así como defectos de desarrollo embrionario entre otras. El fumar entorpece el proceso de respiración, el humo comparte este entorpecimiento con quienes no gozan de las bondades del cigarrillo, e impulsa la aparición de cáncer y la degeneración de tejidos relacionados con el proceso. En otras palabras, las toxinas que posee el tabaco son sin lugar a dudas las necesarias para obtener como respuesta una muerte segura; lenta pero segura.

Entonces ¿por qué después de estas averiguaciones hay gente que sigue fumando?, ¿será porque quieren matarse? ¿o porque les gusta asar daño a las personas de su entorno? En realidad, la mayoría de gente que fuma lo hace porque una vez que se introdujo al vicio, descubrió como muchos otros que es más sencillo adquirirlo que dejarlo de lado, o a pesar de las diferentes campañas y publicidades al respecto lo consideran un mito lejano y ajeno a sí mismos, sobre todo los jóvenes y adolescentes. Sin embargo, las consecuencias del fumar pueden ir desde una pequeña contaminación u complicación respiratoria a un cáncer u otra enfermedad.

A raíz de las polémicas desatadas por la insalubridad del consumo de tabaco, numerosos países han prohibido el consumo de tabaco en lugares públicos, y a la vez se han establecido altos impuestos a los productos relacionados con el tabaco conjuntamente con campañas para dejar de fumar en un intento de frenar este hábito. Como es lógico, se espera en realidad que después de haber tomado diferentes medidas para restringir el consumo de tabaco, la tasa de fumadores baje, y de esta manera reducir la cantidad de personas que puedan llegar a tener alguna de estas enfermedades producidas por el tabaco. No obstante, hace falta que cada quien ponga un granito de arena en la lucha contra esta terrible masacre. ¿Te atreves? ¿Sí? Dilo en voz alta: Yo no fumo. Yo no fumo. YO NO FUMO.

Por Maria Pia Borges
Javier Brenneisen